Volvió el amigo Quini
Enrique Castro, Quini, se convertirá en el protagonista involuntario del partido de esta tarde en el Camp Nou. Las carambolas del destino son a veces caprichosas y en esta ocasión han querido que el habitual delegado del Sporting de Gijón deba ejercer de director del banquillo rojiblanco –por la sanción a técnico y ayudante del equipo– en su reencuentro con una afición de la que se separó hace veinticinco años, pero que nunca se ha olvidado de uno de los nombres más carismáticos que han pasado por el club.
El ovetense llegó al FC Barcelona en 1980 a los 30 años, después de una magnífica trayectoria en el Sporting, su club de toda la vida. El ovetense había logardo cinco pichichis –dos de ellos en Segunda– lo que avaló un fichaje de 80 millones de pesetas. En el Barça lo fue dos veces más.
Apodado cariñosamente el ‘Brujo’, por sus poderes dentro del area, no tardó en convertirse en un depredador en el ataque azulgrana. Pero sus espectaculares números se vieron truncados por un lamentable episodio personal con repercusión internacional, fue secuestrado el 1 de marzo de 1981.
El calvario para el jugador, su familia y sus compañeros de equipo –durante el cautiverio sólo ganaron un punto en los 16 partidos que se disputaron– duró 25 días hasta que la policía consiguió detener al autor del secuestro y hallaron el paradero de Quini, que se encontraba en un zulo en Zaragoza. Sin embargo, la actitud del jugador sorprendió a todo el mundo, al perdonar públicamente a sus secuestradores y no aceptar los cinco millones de pena.
El asturiano dejó la disciplina del Barça en 1984, tras cuatro temporadas, dejando un imborrable recuerdo en la afición. Desde hace unos años, su vida se ha visto afectada por otro nefasto episodio personal, un cáncer de garganta contra el que juega el partido más importante de su vida.
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